UN ENIGMA LLAMADO BOLIVAR
Capítulos de la Vida y Obra de Simón Bolívar

IBAÑEZ HERMANAS

CAPITULO  Bolívar y las hermanas Ibáñez

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Un Enigma llamado Bolívar

PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO 2011

Premio PNG 72

Investigación, Guión y Musicalización:

JORGE MIER HOFFMAN

Lectura: PORFIRIO TORRES

Premio

Un Enigma llamado Bolívar

JORGE MIER HOFFMAN

bolivarenigma@gmail.com

Teléfono Celular Venezuela

58 – 0426 5869991

Las Ibáñez, mamás grandes de la política colombiana

He aquí, incrédulos de todo el mundo, la grandiosa historia de Nicolasa y Bernardina Ibáñez, dos hermosas hermanas ocañeras que vivieron en los albores de la Independencia, bajo los primeros tiempos de la República y cuya vasta e histórica parentela ha ostentado todo tipo de dignidades políticas.

Hasta las acusan, señoras, señores, de ser las instigadoras en la creación de los partidos Liberal y Conservador; mucha cosa para tantos ajetreos íntimos y de manejar los hilos ‘secretos’ de la estabilidad del Estado colombiano en los tiempos que les tocó en gracia vivir.

Simón Bolívar, uno de los protagonistas de esta historia, indicó en inspirada frase –no exenta de atribulado reclamo amoroso– que “En Colombia no habrá paz hasta que mueran Nicolasa y Bernardina Ibáñez, Carmen Leiva y Mariquita Loiche”. Las malas del paseo, como se ve. Peor aún, sostuvo con nombre propio que la paz colombiana era objetivo lejano “mientas exista en Bogotá la familia Ibáñez”.

Es que Bernardina, considerada en su tiempo la mujer más bella e inteligente de la Nueva Granada, fue renuente a aceptar sus requiebros amorosos. Bolívar no se amilanaba, acostumbrado a que todas las doncellas le abrieran su corazón y su cuerpo. Le escribía una y otra vez “No pienso más que en ti y en cuanto tiene relación con tus atractivos. Te escribo mil veces, pero tú ingrata no me respondes”. Nunca lo hizo. Silencio general de la ocañera. Pero cayó rendida a los pies de uno de los playboys de la época, Miguel Uribe Santos, con quien tuvo una hija, Carmen, que se desposaría con el cónsul danés Carl Michelsen. Su nieta María se casaría con el presidente Alfonso López Pumarejo, convirtiéndola en bisabuela del también presidente Alfonso López Michelsen.

NICOLASA IBÁÑEZ Y FRANCISCO DE PAULA SANTANDER. Los de Nicolasa Ibáñez y Francisco de Paula Santander fueron unos amores tormentosos que provocaron todo tipo de chismorreos en las devotas ciudades de Ocaña y Bogotá. Aunque es menester reconocer que Bolívar conoció primero a Nicolasa, pues fue una de las damas ocañeras que salieron a recibirlo con guirnaldas cuando llega el 9 de enero de 1813 con su ejército tras la exitosa campaña del bajo Magdalena. Se aloja Bolívar en la casa del matrimonio Ibáñez Arias, observa embelesado la temprana belleza de Bernardina y se percata de las angustias eróticas de su hermana Nicolasa.

Su novio, Antonio Caro, un español, se encontraba preso en Mompox, pidiéndole ella encarecidamente a Bolívar que lo libertara, que ella era capaz de lo que fuera, accediendo este a su amorosa petición. Ya en libertad, se casaron el 16 de marzo de 1883, siendo apadrinados por Bolívar. Fueron unos nexos fuertes con el Libertador, pues en diciembre de 1815, tras la estancia de seis meses de Francisco de Paula Santander en Ocaña, Nicolasa, misteriosa, da a guardar un baúl que contiene en su interior esquelas y cartas con Bolívar, más su casaca guerrera untada de todo tipo de batallas.

Son depositarias del encargo las monjas del convento de San Francisco. Nicolasa aduce que se trata de “asuntos de índole familiar”.

Santander tenía el mando de las fuerzas independentistas en Cúcuta en 1815. De junio a diciembre de ese año lo pasó en Ocaña enamorando con fervor a Nicolasa, y ella que plenamente correspondía a sus asedios galantes, mientras su esposo español andaba por otros lares en comisiones que diestra y certeramente le encargaba el Estado colombiano, a través de Santander, para mantenerlo alejado de la zona de candela de su mujer. Estaban en apariencias hechos el uno para el otro, pues Nicolasa era alta, con una abundante cabellera lacia negra, de hermosa contextura y unos ojos color negro profundo que “desnudaban el alma”.

Por su parte, Santander no se le quedaba atrás a la beldad ocañera. Su secretario y colaborador José Manuel Restrepo lo define así en 1841: “Alto, un poco grueso, blanco y de una fisonomía varonil. Su genio era áspero como de un militar que ha pasado gran parte de su vida mandando soldados, pero en sus últimos años había mejorado mucho”. Manuel Pombo, en un tono laudatorio pasado de campanillas dice: “Santander era un hombre hermoso y arrogante, de gran talla, robustos miembros y apostura imponente. La palabra sonora y acompasada de sus labios llena de grandeza y gracia, y en sus modales la distinción y la dignidad se revestían de soltura y donaire. Trabajador incansable y severo e incontrastable en el mando, era, fuera de él, el hombre más popular”.

UN ROMANCE ESCANDALOSO. Mudada Nicolasa a Bogotá con sus hijos, con un marido que se la pasaba viajando en todo tipo de encargos “oficiales”, mientras Santander devotamente la visitaba para las correspondientes asistencias. Todos en la ciudad hablaban del romance, para desgracia de su hijo José Eusebio Caro, que sufría en silencio las burlas públicas sobre su engañado progenitor. Tantas fueron las consejas maliciosas que Santander, en más de una ocasión, le tocó salir al quite, como la vez que le reprochó agriamente al cartagenero Ignacio Muñoz: “… he sabido que has hablado algunas cosillas de mí y de las señoritas Ibáñez, cosa muy indigna de quien se diga amigo, y que yo, a decir verdad, no merezco”.

Apariencias, pues el 30 de abril de 1835, Santander encuentra al vicepresidente de la República José Ignacio Márquez cortejando a Nicolasa en su casa. Pretendió lanzarlo por la ventana, preso de incontrolables celos, siendo detenido por la mano de la disputada.
Nicolasa conocía las debilidades de los dos y logró apaciguar los ánimos exacerbados. De ese episodio, señalan algunos aventurados de las crónicas eróticas políticas del país, surgen los partidos Liberal y Conservador.

Total, Nicolasa se fue para París y allí falleció. Santander se casaría, cuarentón, con una dama de la élite bogotana. En su testamento no se olvida de su “Querida Nico”. Dice así en su cláusula 21: “Declaro que el difunto Antonio Caro me adeudaba a su muerte cerca de ocho mil pesos, procedentes de siete mil pesos que le presté en dinero para pagar sus deudas en esta tesorería de Bogotá. Los documentos estaban en poder de la señora viuda Nicolasa Ibáñez. Mando que no se cobre esta cantidad, pues debo especiales favores a esta señora durante mis persecuciones en el año de 1828. Lo declaro solemnemente para que se vea que no he sido avaro”.

LA SAGA DE LAS IBÁÑEZ. Según el periodista Mario Pacheco, en el pasado debate electoral para presidente, tres de ellos eran parientes de las Ibáñez: Juan Manuel Santos, Rafael Pardo Rueda y Clara López Obregón. El nieto de Nicolasa, Miguel Antonio Caro, fue presidente y fundador del Partido Conservador. También fue abuela política del presidente Carlos Holguín y bisabuela política del presidente Roberto Urdaneta.

La lista de políticos descendientes prosigue: la actual canciller María Ángela Holguín, los expresidentes Ernesto Samper, Jorge Tadeo Lozano –del Estado Soberano de Cundinamarca–, Domingo Caicedo, los exalcaldes de Bogotá Diego Pardo y José Ibáñez, los exministros Miguel Urrutia y Ángela Montoya, del líder político Jaime Bateman y de personalidades como los escritores Lucas y Eduardo Caballero Calderón, del periodista Antonio Caballero, del pintor Luis Caballero, del clavicembalista Rafael Puyana y un largo etcétera que incluye –sin ninguna exageración– a medio país.

LA SAGA PERDIDA DE LAS IBÁÑEZ EN OCAÑA. En Ocaña todos conocen la historia de las hermanas Ibáñez pero nadie se atreve a reivindicarlas. Mucho sexo y adulterio de por medio, es materia histórica tabú, una especie de estigma que se sobrelleva con una dignidad digna de mejores causas. Fue tan fuerte ese afán de olvido que no existe nadie con esa parentela –tan difundida en todas partes de Colombia–, en su tierra natal. Su antigua casa fue convertida en Hospedaje con su apellido: Las Ibáñez. Un letrero desaparecido lo anunciaba, al igual que una plaqueta que sobrevive dando fe de las varias dormidas en esa casa de Simón Bolívar. De Santander, que estuvo mucho tiempo en ese mismo caserón y en mayores ajetreos, nada se dice.

Su actual propietario, Rodrigo Luna, con 82 años a cuestas, cuenta que en la casa “funcionaba un hotel que se llamaba Alcázar. Yo era agente de una empresa de transporte. El señor que me vendió tenía el hotel. Cuando inauguraron la terminal de transporte nos mudamos. Yo me quedé en la casa, que se encuentra ahora deshabitada, excepto mi oficina”. Su hijo Janer Luna sostiene que de niño recordaba el aviso Hospedaje Las Ibáñez, y que la disposición de la casa era de varias habitaciones, un patio grande en el fondo, donde dormían los caballos y la servidumbre, y una especie de entrada a un subterráneo para posibles escapes.

Las Ibáñez son personajes de poco nombrar en Ocaña. En 1978 hubo un pálido intento de reivindicarlas por parte del senador Fernando Carvajalino, pero enseguida saltaron los adalides de la moral ejerciendo la crítica a la iniciativa por considerarlas de una vida poco edificante para las buenas costumbres. En los desfiles de los genitores, uno de los cuadros presentados es sobre estas hermanas, pero hecho con alguna asepsia social. Para nada, pues a su nombre se han hecho telenovelas, novelas, ensayos y artículos periodísticos, erigiéndose como mamás grandes históricas de la política colombiana. Su influencia en Ocaña se muestra en el orgulloso y añejo Colegio José Eusebio Caro, nombre del perturbado poeta hijo de Nicolasa, en todo el frente del antiguo caserón familiar. Y en nombre de Nicolasa, su madre, fue bautizado el salón de profesores del colegio.

Y esta fue, incrédulos y escépticos, la increíble historia de dos hermanas y el legado que ha ejercido su saga en la política nacional desde hace dos largos siglos. Pura historia erótica patria.

Por Adlai Stevenson Samper

Entrada Telenovela Sur Verde 1978

3 comentarios to “IBAÑEZ HERMANAS”

  1. quiero saber más sobre las hermanas Ibañes

  2. No se puede reproducir el audio, Por favor dígame cómo hacerlo
    Gracias

    • Al pulsar el CAPÍTULO correspondiente, a la derecha, sólo basta colocarse en la barra que dice Para ESCUCHAR ESTE CAPÍTULO PULSE aquí y se abrirá el reproductor Windows Media Center que va instalado con su programa Windows de su PC. Si no lo tiene, puede bajarlo gratuito por Internet. Solo debe tener una tarjeta de sonido y listo.


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