UN ENIGMA LLAMADO BOLIVAR
Capítulos de la Vida y Obra de Simón Bolívar

CARLOS MARX Y BOLIVAR

CAPITULO Carlos Marx y Bolívar

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Un Enigma llamado Bolívar

PREMIO NACIONAL DE PERIODISMO 2011

Premio PNG 72

Investigación, Guión y Musicalización:

JORGE MIER HOFFMAN

Lectura: PORFIRIO TORRES

Premio

Un Enigma llamado Bolívar

JORGE MIER HOFFMAN

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Escrito por Marx en 1858 para la “New American Cyclopedia”, el artículo titulado “Bolívar y Ponte” se ha prestado (y se sigue prestando) para todo tipo de malentendidos y discusiones. Volver sobre el mismo, una vez más, a pesar de sus casi 150 años de existencia, me parece oportuno por dos razones fundamentales: 1) por la entronización de la llamada Revolución bolivariana en Venezuela y por la importancia del movimientoantiimperialista que se está conformando en América latina y el Caribe en torno, no solo de la figura de Simón Bolívar, sino también de los demás próceres de la Primera Independencia o Primer Gran Guerra de Liberación Nacional en el continente. 2) porque Aníbal Ponce (el primer glosador, del que se tenga noticia, de este trabajo) que ha ejercido una gran influencia intelectual sobre el pensamiento comunista en Argentina y en el resto del continente, no solo coincide con Marx sino que, va mucho más allá que él (a mi entender) en cuanto a la temeridad de los juicios emitidos sobre uno de los dos grandes libertadores de nuestra América. Me parece por tanto necesario que los comunistas argentinos, XVI Congreso[1]por medio, redefinamos nuestra posición frente a Bolívar y también con respecto al movimiento que se sintetizó en su figura.

Este artículo tiene entonces esa vocación, la de aportar a una nueva visión de nuestra historia a la luz del marxismo (o lo que es lo mismo, de un marxismo americano).

Casi todo el mundo coincide (incluso muchos marxistas) en que el artículo de Marx sobre Bolívar, no es, lo que se podría llamar, un hecho feliz. El mismo Marinello (amigo y difusor de la obra de Ponce) califica de “lamentable” al artículo de Marx[2]Muchos se preguntan (quizás por fetichismo, quizás por sana admiración) como el genio de Marx pudo concebir semejante artículo. Otros (los que creen en la infalibilidad de los clásicos marxistas) lo han defendido a ultranza por dogmatismo. El hecho es que el citado artículo ha sido utilizado por los sectores más reaccionarios (sobre todo en nuestro continente), en primer lugar para descalificar al propio Marx, en segundo, para presentar al marxismo como opuesto a los valores, a las tradiciones y al sentir de nuestros pueblos y tercero para demostrar que el marxismo (como en el caso del citado artículo) distorsiona la realidad, la historia, para forzar una visión de lucha irreconciliable de clases como único modo posible de explicar los acontecimientos presentes y pasados. Pero cual es la verdad del artículo de Marx?.

El historiador boliviano José Roberto Arze en su libroanálisis crítico del Bolívar de Marx”, realiza a mi parecer, un trabajo formidable en el sentido de esclarecer en que condiciones Carlos Marx escribió dicho artículo y porque arribó a las conclusiones a las que arribó en torno del Libertador. El trabajo en realidad es una defensa del coautor del “Manifiesto del Partido Comunista”. Pero curiosamente para “defenderlo”, se ocupa de refutarlo sistemáticamente en los pasajes más significativos del artículo: “…porque en primer lugar, para “explicar” los errores de Marx, es preciso previamente refutarlos; y en segundo lugar, porque muchos de estos errores aparecen todavía en la literatura histórica contemporánea, como lugares comunes de los libros de texto y obras de divulgación…” [3]

Tal es así (lo de los lugares comunes) que en el Prefacio al “Bolívar y Ponte” de Marx comentado por Ponce que tengo en mis manos, publicado en Bs.As. en 1987, el Editor (Rafael Cedeño Editor) no solo coincide con Ponce cuando dice que tenemos que comprender que: “…en América colonial no se dio lo que entendemos por Revolución, sino que se luchó contra los residuos del ya caduco reino de España, a la sazón derrotado y ocupado militarmente por Francia…” y que la guerra de liberación fueron solo “…escaramuzas, en la que los pueblos tuvieron muertos y los militares , héroes…”, sino que va más allá que el mismo Ponce cuando descalifica a los Libertadores “por militares”[4] para terminar comparándolos con Roca (el mata indios) y los genocidas de la Junta Militar del 76”.

Es increíble realmente, la sarta de estupideces que pueden escribirse a partir de una falsa apreciación. Por eso no es menos importante, la refutación que hace Arze, a través de sus glosas, tanto a los historiadores “antimarxistas”, como a los “dogmáticos” y yo agregaría “oportunistas”. En realidad lo primero que se plantea respecto al artículo de Marx, es si el mismo puede tomarse como un “auto de fe” sobre la figura de SimónBolívar. No es muy difícil percibir un cierto eurocentrismo en muchos trabajos de Marx, como en los de otros revolucionarios de la época. No olvidemos que es recién Lenin quien más profundiza en la problemática del llamado entonces mundo “periférico”, con su trabajo “El imperialismo etapa superior del capitalismo” y que en realidad tanto Marx como Engel se centraron en el estudio del capitalismo como fenómeno en la Europaaltamente desarrollada de finales del siglo XIX. Muchos coinciden en afirmar que tanto Marx, como Engel no se preocuparon demasiado por reivindicar la paternidad de los trabajos en los cuales no estampaban su firma y no seguramente, porque tuvieran problemas en reconocer que los habían escrito, sino por que quizás no tendrían para ellos, la importancia que posteriormente otros le han dado. El mismo Ponce reconoce en su comentario al artículo de Marx[5]que “Bolívar y Ponte” es uno de esos trabajos que Marx escribía “pane lucrando” (según las propias palabras del argentino) y en esto Ponce coincide con Arze y con otros historiadores y analistas, en el sentido que el citado artículo, al igual que tantos otros, eran trabajos que Marx escribía por encargo y con los cuales se ganaba la vida en un momentos de su vida en los que padecía ciertos problemas económicos. No sería muy aventurado entonces, decir que el “Bolívar y Ponte” de Marx, nunca habría tenido otra pretensión que la de ser lo que fue, un artículo encargado por una enciclopedia, acerca de un hombre sobre el cual se sabía muy poco en la Europa de mediados del siglo XIX. Tal es así, que después de analizar profundamente el artículo de Marx, Arze llega a la siguiente conclusión: “La conclusión general que se desprende […] es que el artículo de Marx sobre Bolívar está pleno de errores históricos y falsas apreciaciones que se deben, en lo fundamental, al influjo de las fuentes consultadas por Marx”.[6] Las fuentes a las que se refiere Arze son: Henri Lafayette Villaume Ducoudray-Holstein (Alemania 1763/Albany 1839), Gustavus Hippisley (inglés) y William Miller (inglés 1795-1861). Estos tres personajes sirvieron como oficiales bajo las órdenes de Bolívar y en distintos momentos del proceso de liberación se vieron enfrentados, cada uno a su turno, con el Libertador. Los tres tienen en común que después de haber abandonado las filas del Ejército Libertador, publicaron todos, crónicas y semblanzas acerca de la guerra y sobre la figura de Bolívar, trasladando con distinto grado de intensidad en los relatos sus prejuicios y animadversiones personales, con los que falsearon la verdad histórica contribuyendo al nacimiento de una verdadera leyenda negra que circundó durante décadas la figura del Libertador.

Arze exhibe en su libro una fotocopia de la parte referente a Bolívar del catálogo de 1885 del British Museum (donde habitualmente Marx realizaba sus investigaciones) y donde se puede ver claramente que Marx no contaba al momento de escribir su artículo con una cantidad importante de documentación sobre el tema y que las obras de los autores arriba citados, constituían las más difundidas y aceptadas en Europa por aquellos tiempos, siendo a juicio de muchos la de Ducudray-Holstein la que más influyó en la formación del perjuicio amtibolivariano de Marx. No menos probable es que Marx pudiera haber visto en Bolívar una expresión del “bonapartismo”[7], fenómeno al que había dedicado gran parte de sus reflexiones por aquella misma época. Fueran cual fuesen, en definitiva, las razones de peso que expliquen los juicios de Marx sobre Bolívar, no deben estar muy distantes de las expuestas ampliamente por Arze en su libro, lo cual nos ayudaría a entender mejor la incomprensión al menos, del fenómeno Bolívar por parte de Marx, sobre todo si tenemos en cuenta además, la dificultad adicional lógica, que para cualquier intelectual europeo representa el tener que analizar un fenómeno de un continente que le es totalmente ajeno tanto en su cultura como en supsicología y tradiciones históricas. Pero obviamente ese no es el caso de Ponce.

Hacia 1936, fecha en que “Dialéctica” publica la traducción del artículo de Marx comentada por Ponce, la cantidad de documentación y trabajos realizados sobre Bolívar y el proceso de la Primera Independencia en América, era al menos, aceptable; lo cual nos lleva a descartar (a diferencia que con Marx) que la falta de información o de posibilidades de acceder a estudios sobre el tema, haya sido el origen de los juicios de Ponce al respecto. En el capítulo Cuatro de su libro (capítulo dedicado a las FALSAS APRECIACIONES SOBRE EL “BOLIVAR” DE MARX) Arze se refiere, entre otros trabajos, a los “Comentarios Marginales” de Ponce y en determinado momento dice: “Desde que Ponce escribió sobre Bolívar han transcurrido varias décadas. A Bolívar se lo conoce ahora mucho, muchísimo mejor que hace medio siglo. Se reconoce la complejidad de sucarácter, de su pensamiento y de su acción. Quién sabe si a la luz de estos avances, Ponce habría cambiado de opinión. Pensamos que fue la pasión dogmática la que condujo a Ponce a juicios tan simplistas,[8] sin menoscabo de la importancia de este escritor en la historia del pensamiento político latinoamericano, en general, y del pensamiento marxista en particular“. Tomando como válido que seguramente así hubiera sido, tenemos aquí que atenernos a lo que Ponce escribió y tratar de ahondar en los fundamentos de sus juicios ya que estos constituyeron y lo siguen haciendo, un lugar común para muchos otros intelectuales marxistas y no marxistas. Arce cree hallar en la “pasión dogmática” de Ponce, la explicación de su prejuicio antibolivariano. En mi opinión, no creo realmente que la lectura dogmática del “Bolívar y Ponte” de Marx sea la única explicación posible, ni la determinante en este caso. Si bien es oportuno señalar aquí, lo expresado por Néstor Khoan en su libro “De Ingenieros al Che”, cuando dice que la publicación del artículo de Marx por parte de Ponce tuvo por finalidad “contrarrestar” los artículos de Haya de la Torre “Por la emancipación de América latina” y “Bolivarismo y monroísmo” de Vasconcelos, (lo cual estaría enmarcando sus “Comentarios marginales” dentro del debate político de su tiempo), esto por si solo tampoco alcanza para explicar los juicios del argentino. Creo que en todo caso, en Aníbal Ponce se combinan ese “dogmatismo” del que nos habla Arze, con su visión liberal de la historia. Creo que es más justo decir, que ese liberalismo, tan importante en la formación intelectual de Ponce, encontró, no solo, en el artículo de Marx, sino en el dogmatismo de los historiadores soviéticos[9]un sustento, un aval para sus ya formadas opiniones. Aníbal Ponce, como lo expresé al principio, va más allá que el propio Marx, cuando dice: “Terrateniente, hacendado, propietario de minas y de esclavos, Bolívar no solo interpretó los intereses de su clase, sino que los defendió contra la pequeña burguesía liberal y las todavía inconsistentes masas populares. Apoyado por Inglaterra, al igual que todos los restantes revolucionarios del continente, es difícil comprender como Bolívar puede servir honradamente al llamado “bolivarismo” democrático y antiimperialista”[10]

El primer argumento descalificatorio que esgrime Ponce, es la condición social de Bolívar: “Terrateniente, hacendado, propietario de minas y de esclavos…”. Sí, Simón Bolívar al igual que la inmensa mayoría (por no decir la totalidad) de los líderes independentistas, pertenecían a las clases propietarias de nuestro continente y cierto es también que esa clase de propietarios se hallaba dividida entre quienes se beneficiaban con elmonopolio impuesto por la Metrópoli y quienes se veían afectados por no poder comerciar libremente. Esta situación no solo explica la adhesión de parte de estos sectores a la lucha independentista, sino que también, que no pocos españoles militaran en las filas patriotas e incluso comandaran sus ejércitos, como es el caso del General Arenales. Aunque resulte tedioso, Ponce nos obliga a recordar, que nos hallamos en estos momentos en el siglo XIX y que el mundo occidental está tratando de librarse de una vez y para siempre del absolutismo monárquico. Esto es posible porque la burguesía ha tomado conciencia de ser una “clase en sí y para sí”. Marx y Engel lo dicen claramente en el “Manifiesto“: “La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. Donde quiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas”. En ese contexto, en la lucha contra el absolutismo, contra el colonialismo, surge la figura de San Martín, de Bolívar y del resto de los libertadores (sin comillas, porque sí lo fueron). Y solamente este hecho, habla de la grandeza y la importancia de estos hombres y constituye a la vez, su principal justificación histórica (no nos olvidemos que Cuba logró su independencia recién en 1898 y que Puerto Rico sigue siendo hoy día un enclave colonial). Tampoco es ocioso decir que no es el origen social, sino la conciencia, lo que define a un revolucionario; porque ni Marx, ni Engel, ni Lenin, ni el Che, ni el mismo Ponce, eran proletarios. El entrecomillado de “familias mantuanas”[11] (a las que alude Marx en su artículo, como el origen de Bolívar) no representa en Marx un juicio de valor, como señala Arze, sino que responde a la costumbre que tienen muchos escritores, de entrecomillar los términos que son ajenos a la lengua en la cual se expresan; en el caso de este artículo, la lengua de Shakespeare. Por lo tanto no creo que haya habido segundas intenciones en Marx, al respecto. Inmediatamente después de la frase analizada,

Ponce continúa diciendo: “…Bolívar no solo interpretó los intereses de su clase, sino que los defendió contra la pequeña burguesía liberal y las todavía inconsistentes masas populares“. Aquí las cosas se complican aún más ya que el termino “pequeña burguesía”, parece, a mi juicio, extrapolado del presente. No se sabe bien a que segmento de la sociedad colonial americana, Aníbal Ponce se refiere. Asumo que “pequeña burguesía liberal” se refiere a los sectores más progresistas de aquella sociedad. También es poco claro que entiende Ponce por “liberal”, ya que en esa época la palabra tenía una connotación muy distinta a la que tenía en tiempos de Ponce y mucho más aún, a la que tiene en nuestros días. Bolívar era liberal, pero liberal en la América de aquellos tiempos y en la misma Europa, era una palabra demasiado gruesa para definirpolítica e ideológicamente a alguien. Por ejemplo Rivadavia también era un liberal y sin embargo estaba en las antípodas del pensamiento, no solo de Bolívar, sino también del de San Martín, a tal punto que el nacido en Yapeyú, lo había retado en duelo de muerte, por considerarlo un ser detestable y un acérrimo enemigo. Tenemos que coincidir entonces, como señalaba Arze, que los juicios de Ponce son en extremo simplistas. Hernández Arregui en su libro “Que es el ser nacional”, dedica varios capítulos a desarrollar estos temas. A diferencia de lo que expresa Ponce, (que no solo entrecomilla en su comentario: “libertadores”, sino también “ideales”), estos hombres sí tenían ideales y estaban nutridos de lo mejor del pensamiento de su época. Es muy frecuente reducir esta influencia al iluminismo francés, cuando en realidad no menos importante fue la influencia de los pensadores ingleses, del constitucionalismo norteamericano y a juicio de Arregui, la más importante de todas, la del liberalismo español y más precisamente las tesis del Conde de Aranda.

En ese sentido el pensamiento de Bolívar, es a mi parecer, uno de los más eclécticos de la América de entonces[12]Cuando hablamos de liberalismo, estamos hablando de antiabsolutismo, ni siquiera de antimonarquismo (Inglaterra, cuna del pensamiento liberal, cambió la monarquía absoluta (del rey por mandato divino) por la monarquía parlamentaria, donde son las cámaras las que gobiernan). San Martín, Belgrano, O”higgins y muchos otros, eran liberales, conservadores y monárquicos; otros eran decididamente republicanos y dentro de ese bando, los había centralistas o federales y una última división (a mi juicio la más importante) entre proteccionistas o librecambistas[13]La frase de Ponce por ambigua e imprecisa no deja de ser cierta, Bolívar defendió los intereses de su clase pero no en el sentido que Ponce pretende, porque mal podía defender el privilegio de los Terratenientes, hacendados, propietarios de minas y de esclavos, quien iba libertando esclavos a su paso[14]sino en el sentido de que al tiempo que Bolívar iba destruyendo el orden virreynal, iba creando las condiciones para la liberación de las potencialidades de esa burguesía que reclamaba su lugar en la historia. Los Libertadores no solo se enfrentaron a los absolutistas, sino que también enfrentaron a esapequeña burguesía liberal librecambista (a la cual pertenecían, en el caso de nuestro país, los próceres de Ponce: los Rivadavia, los Mitre, los Sarmiento) que estaban comprometidos con el librecomercio inglés, en desmedro del incipiente capitalismo americano y que fieles a él hasta las últimas consecuencias, le dieron la espalda al Congreso Anfictiónico de 1826, sumieron a la América toda, en la guerra civil, desmembraron la unidad político-cultural que constituía la “América antes española”, en una multitud de pequeños estados, que fueron pasto fácil del imperialismo anglosajón, primero y del estadounidense después. La guerra del Paraguay es la obra cumbre de este pensamiento y de esta política de los “héroes librecambistas” y una de las vergüenzas más grandes que nuestro pueblo tendrá que cargar siempre. En cuanto a las “todavía inconsistentes masas populares“, de las cuales en otra parte de su comentario Ponce dice que Bolívar “despreciaba”, no sabemos en que se basa realmente, porque una cosa es decir que el pensamiento de Bolívar era en cierta forma “aristocrático” (cosa que habría que discutir seriamente) y otra cosa es el “desprecio a las masas” del que habla Ponce y que no merece la menor refutación, porque nadie creerá, me imagino yo, que el Ejército Libertador, era un ejercito de “Terratenientes, hacendados, propietarios de minas y de esclavos“. Lo que realmente llama la atención es que Ponce descubra este desprecio a las masas en Bolívar, (cuando podríamos transcribir aquí, infinidad de fragmentos de los escritos del Libertador que hablan de lo contrario) y no pueda verlo en Sarmiento que lo proclama a gritos[15]y al que Ponce se dedicara a ensalzar en gran parte de sus escritos. Finalmente, el argentino dice: “Apoyado además por Inglaterra, al igual que todos los restantes revolucionarios del continente, es difícil comprender como Bolívar puede servir honradamente al llamado “bolivarismo democrático y antiimperialista“. Aquí, en ese “Apoyado además por Inglaterra al igual que todos los restantes revolucionarios del continente…”, aflora la influencia sarmientina de la que hablábamos recién o sea la subestimación a todo lo que es americano. Nadie puede, por mucho que escriba, por brillante que sea su pluma, cambiar el hecho irrefutable de que fuimos los americanos los que derrotamos al absolutismo en estas tierras. El apoyo de Inglaterra fue real y se explica, no por una cuestión de ideales, sino porque la erradicación del monopolio servía a sus intereses y permitió nada más y nada menos que se convirtiera en la más grande nación capitalista de la época ya que le permitió colocar los excedentes, que su mercado interno no podía ya absorber, en los rincones más impensados del planeta de los cuales por otra parte extraía sus materias primas a precio de despojo. Apoyo sí, pero no subordinación a sus intereses[16]

Ponce acierta sobre el final en dos cosas Bolívar no fue ni antiimperialista, ni democrático. No fue antiimperialista, por la sencilla razón de que es anterior a ese fenómeno que recién fue analizado a profundidad por Lenin en las primeras décadas del siglo XX; lo que sí es cierto (y es una de las tantas cosas que hacen a Bolívar un ser singular) es que Bolívar no solo vislumbró este fenómeno, hasta cierto modo previsible en el caso de los ingleses por su política hacia nuestro continente, sino que previó que iban a ser los EEUU “los destinados por la providencia divina para plagar la América de miserias, a nombre de la libertad“. Esto si era difícil de vislumbrar en los tiempos de Bolívar. El Congreso Anfictiónico de 1826 tenía como fin supremo conservar la unidad político cultural de Hispanoamérica y oponerse a las ambiciones de los “green go”, sintetizadas en lo que después se conocería como doctrina Monroe. Con respecto a relacionar al movimiento independentista americano del siglo XIX con la democracia, esa es una falsificación que según Hernández Arregui le debemos a Esteban de Echeverría. Si alguien puede hablar con autoridad sobre como se emplea el término “democracia” en el mundo, somos nosotros, los “inviables” del siglo XXI. Tanto Bolívar como San Martín no creían (y ese es otro punto en común entre los Libertadores y los marxistas) en lo que hoy llamamos “democracia burguesa”. “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, no “democracia”.

Cuál era entonces, el ideario “real” de Bolívar y de los Libertadores? Y hasta que punto ese ideario puede servir honradamente al (por usar las mismas palabras de Ponce) “bolivarismo antiimperialista y democrático”?

Primero: Bolívar pertenecía a una comunidad que era un algo indisoluble con el resto de la Corona Española. Su oposición era a un régimen político (el absolutismo), no a una cultura. La facción a la que pertenecían nuestros libertadores, nunca renegó del acervo cultural hispano.

Segundo: Bolívar pertenecía, al igual que el resto de las facciones independentistas, a la logia masónica con sede en Londres llamada de “La Gran Reunión Americana”, cuya razón de ser era desterrar definitivamente al absolutismo en América. Lo cual nos dice dos cosas muy importantes: a) que hubo, por así llamarlo, un partido de la revolución u organización revolucionaria (si no queremos usar ese término) al que estaban subordinados todos nuestros prohombres y b) que el “partido único” era coherente a la idea de una sola Patria Americana. “Yo soy del partido americano” decía San Martín en medio de la guerra faccional entre unitarios y federales en nuestro actual territorio, “Nunca mancharé la espada con la sangre de mis hermanos” y esto no era apatía ni falta de compromiso con lo que allí estaba en juego, sino que esto sucedía en medio de la guerra contra el enemigo principal que era el externo y que de haberse involucrado en ella nuestros ejércitos libertadores, la independencia no habría sido posible.

Tercero: la idea de una sola Patria un solo Partido, hecha por tierra el argumento de Marx, de Ponce y de la historia oficial escrita por Mitre, del Bolívar ambicioso, del “dictador” avasallando el derecho de las naciones (que por otra parte ni existían), del San Martín argentino y el Bolívar venezolano, o el Artigas uruguayo. Habría que preguntarle a los hombres de la historia “liberal” u “oficial”, (que es lo mismo), porqué San Martín no cruzó los Andes con la bandera argentina? por que creo la bandera de los Andes? Y es que San Martín no era un general argentino (cuyo gobierno dicho sea de paso lo declara “traidor a la patria” en esos momentos), como Bolívar no era un general venezolano, sino que ambos eran los conductores de un Ejército Multinacional de Liberación, que defendía la causa de América. En torno a esa idea estaba estructurado el movimiento “policlasista”[17] que ellos lideraban.

Cuarto: El eclecticismo de Bolívar, al que me refería anteriormente (y que podemos hacer extensivo a todos los hombres de esta tendencia) tiene que ver con este objetivo supremo que señalábamos en el párrafo anterior. No había ningún “fundamentalismo” hacia sistema alguno de gobierno, sino que había sí, una preocupación práctica, si se quiere, acerca de cual era el sistema de gobierno que garantizara la unidad política para llevar a buen término la guerra y que garantizara posteriormente (una vez derrotado el enemigo) el mejor desarrollo de acuerdo a las realidad sociocultural de la América antes española. Ese pensamiento fue dinámico en los libertadores y fue mutando a medida que se iba desarrollando el proceso y modificado muchas veces por las dificultades y desafíos que de él surgían.

Bolívar sabía y así lo expreso en varias oportunidades, que el sistema republicano y federal era el mejor, (lo mismo podemos decir de San Martín) el más avanzado, pero sabía también que no se adaptaba a la realidad que le tocaba enfrentar. Aquí no había sucedido como en las vecinas colonias del norte, donde se desarrollaron las artes industriales, y la labranza de los campos. Aquí se llevó a cabo una conquista y no una colonización. Aquí no se desarrolló el derecho individual, ni la cultura cívica, ni la educación popular, todo aquello que sirve de basamento a la democracia republicana. Aquí existía una cultura patriarcal, monárquica y era necesario, para no romper la cohesión, no solo política y económica, sino hasta espiritual de las colonias hispanas, reemplazar esa monarquía metropolitana, por una monarquía parlamentaria u otra forma de gobierno de características similares, que permitiera el desarrollo del capitalismo abriéndose al comercio con otras naciones pero protegiendo la incipiente industria nacional del bombardeo de las manufacturas inglesas. Un gobierno que garantizara la unidad política, cultural y territorial de las colonias antes españolas, en momentos que el absolutismo recompuesto a través de la Santa Alianza se disponía a reconquistar sus territorios de ultramar. Esa era la tesis inicial de muchos de nuestros libertadores. Bolívar compartía esta visión pero desconfiaba de la figura de un rey americano para las ex-colonias y proponía el reemplazo de esta figura por la del dictador o como en el caso de la constitución que diseño para Bolivia, por la figura de un presidente vitalicio, tomando así elementos de los dos sistemas tanto el republicano como el monárquico. Más allá de los juicios que nos merezcan, podemos ver entonces claramente, que los libertadores, no eran unos simples señores feudales, de cabeza hueca, movidos solamente por el ansia desmedida de poder y riquezas, sino que la cosa era un tanto más compleja.

Nosotros como marxistas americanos podemos extraer muchísimas enseñanzas de esta primera gran guerra de liberación, siempre y cuando no perdamos de vista que este fue un movimiento revolucionario que se desarrolló en las primeras décadas del siglo XIX y que por tanto no excedía el horizonte del pensamiento más avanzado de su época. La amplitud del movimiento liberador arquitectado entorno a la lucha contra el enemigo principal. La unidad monolítica como un arma poderosa e insuperable de los oprimidos. La mística imprescindible para llevar hasta las últimas consecuencias el proceso. La convicción de que no son los medios materiales sino la voluntad inquebrantable, lo que vence al enemigo. Eso es tan válido para el siglo XIX como para el XX o el XXI.

Muchos hombres como Mariátegui, Ugarte, Vivián Trías, vieron la importancia sustantiva que tenía el imperialismo en nuestro continente. El mismo Che Guevara, fue a mi entender, la máxima expresión del convencimiento de que la lucha revolucionaria por el socialismo, pasaba en América por la liberación nacional y que era la radicalización de estos procesos (como fue el caso de Cuba) de un nacionalismo que por consecuente, tenía que chocar con los intereses imperiales de los EEUU y por ende, por antiimperialista, devenir en anticapitalista o sea, de tránsito al socialismo. En el mundo globalizado de hoy, esta tesis a mi parecer, está más vigente que nunca, porque el imperialismo hoy, lejos de ser un fenómeno superado, es más crudo, más implacable y soberbio que nunca antes. La política antiimperialista es lo suficientemente amplia para cobijar a la inmensa mayoría del pueblo y es en medio de ese proceso donde los marxistas tenemos que lograr la comprensión, por parte de los demás sectores involucrados, de que el imperialismo no es un fenómeno meramente extrínseco, sino que solo es posible a través de la existencia de una burguesía nacional subordinada a sus intereses. Porque el imperialismo es solo una “fase” del capitalismo, es que la lucha por la segunda y definitiva independencia en América, pasa por la construcción de la nueva sociedad y la abolición de las antiguas relaciones socioeconómicas, políticas y culturales, del estado burgués.

Nosotros somos un pueblo victorioso, que hemos derrotado a uno de los poderes más grandes que registra la historia reciente de la humanidad: el absolutismo español, pero para recuperar esa mística tenemos que recuperar nuestra memoria histórica y las potencialidades reprimidas de nuestra propia cultura. La historia “liberal-oficial” a la que adscribió Ponce, ha sido el principal vehículo de desinstalación de la memoria de nuestro pueblo, de domesticación cultural y de disolución como pueblo-nación. Los juicios de Ponce tienen su raíz en el pensamiento de Mitre (el primer gran tergiversador de nuestra historia), en el menosprecio que el “padre de la educación argentina”, tenía hacia todo lo que no era francés o anglosajón. Ellos escribieron una historia fraudulenta con la sangre del indio y del gaucho, “de las todavía inconsistentes masas populares“. Ellos arquitectaron una nación transplantada, que por tal, siempre le dio la espalda a lo americano, que por otra parte siempre los sedujo y nunca pudieron comprender. De ellos se ocupó entre otros, la insuperable pluma de Martí. “Las clases dominantes conocen muy bien la importancia, la gravitación, que poseen en la conciencia popular ese pasado histórico y en que medida cada personalidad individual, aunque ello no sea enteramente consciente y aparezca difuso, más intuido que comprendido, es vigorosamente influida y determinada por la forma en que se transmiten las tradiciones históricas comunes” Vivían Trías “Aportes para un socialismo nacional”.

El Ponce insoslayable, magistral y creador de “Educación y lucha de clases”, de “Humanismo burgués y humanismo proletario”, del “Elogio al Manifiesto Comunista” y de tantos otros trabajos, fue víctima de estas influencias que a mi parecer constituyeron una seria limitación a su gran inteligencia. Las palabras de Marinello, en el prólogo a sus obras, creo que avalan en cierta forma lo dicho hasta aquí: “Recordemos la carta que escribe desde México a su hermana Clarita, en la que confiesa la persistencia de prejuicios raciales en su enjuiciamiento. No tenía en verdad que confesarlo, porque cuando discurre sobre los gauchos de su tierra, se mezcla tal prejuicio con el propósito justiciero. Mirando las cosas desde la perspectiva más exacta, pensamos que no podía ocurrir de otro modo. ¿Acaso su mismo maestro Ingenieros no padeció tal limitación? No había de mojarle la pluma una turbia marejada de larga presencia en el pensamiento americano – Sarmiento, Rodó, Justo Sierra…-, y de la que solo, quedó libre, el genio clarividente y generoso de Martí. […] De traspasar la cuarentena, hubiera vuelto sobre su aplauso al artículo lamentable de Marx sobre Simón Bolívar, retirando las comillas con que encerró siempre el dictado de libertador. Releyendo los papeles de su juventud –lo esperábamos mucho- hubiera mantenido devoción ardorosa por Sarmiento, pero anotándole ajustadamente la claridad y la sombra de sus opciones políticas. Por fortuna, los errores de Ponce –hijos de su origen social, de su formación juvenil y de sus maestros más cercanos- , pueden ser combatidos con sus armas y vencerse en su misma jurisdicción”[18]

Pero lo importante no es juzgar a un Ponce que lamentablemente no tiene la posibilidad de contestarnos y que por otra parte, ya sobre el final de su breve pero fecunda vida, comienza a rever por propia iniciativa, muchos de sus posicionamientos a través de artículos como “La cuestión indígena y la cuestión nacional” escrito en su exilio mexicano. Lo importante es tratar de desentrañar un fenómeno de vasta extensión y peso dentro del pensamiento americano y del que muchos revolucionarios fueron parte durante muchas décadas y que nos impidió ver entre otras cosas, por donde pasaba el torrente fundamental de la lucha de clases, durante dilatados períodos de tiempo. Y es que ha habido a mi entender, una relación evidente, entre el marxismo liberal y el (por así llamarlo) dogmatismo soviético. Basta leer la “Gran Enciclopedia Soviética”: “La actividad de Bolívar, a pesar de su lucha progresista contra la dominación española, estaba enteramente enmarcada en los intereses de las clases pudientes. Deseó conservar permanentemente el sistema semifeudal de explotación de los campesinos por parte de los terratenientes criollos[19]y se opuso a la activa participación de las masas trabajadoras en su lucha por la independencia”[20]. Toda esta línea argumental está en total consonancia con lo escrito por Ponce. Otro historiador soviético, más reciente, M. S. Alperovich se refiere al tono de aquellas publicaciones soviéticas de la época de Ponce y aún posteriores: “Dicha concepción unilateral de los problemas debió su origen, indudablemente y en la mayoría de los casos al culto a la personalidad de Stalin y las subsiguientes de la época teniendo estos factores la culpa a la vez, de que tanto se extendieran las opiniones dogmáticas y sectarias, así como las interpretaciones erróneas en toda la literatura histórica de la Unión Soviética” / “Tomando como dogma el juicio negativo de la figura y la actuación del destacado representante sudamericano de la Guerra de la Independencia, Simón Bolívar, que en su tiempo formulara Carlos Marx […] algunos historiadores soviéticos no se satisfacían con reproducir maquinalmente la mencionada apreciación incompleta, sino que procedieron a aplicarla incluso con otras personas del movimiento libertador (San Martín, O”higgins) y hasta con el movimiento mismo”[21] Ahora bien, pregunto: Siguiendo el razonamiento de la “Gran Enciclopedia Soviética” en lo referente a la “conservación de las relaciones semifeudales de explotación“, no podríamos pensar que si después de la caída del absolutismo español en América, las relaciones semifeudales de explotación fueron mantenidas, sería en verdad esta una revolución burguesa o un simple cambio de amo? ¿Puede ser posible que esta caracterización haya conservado su vigencia o sea, que haya sido aplicada a la realidad socioeconómica de nuestros países entrado ya el siglo XX? ¿Esta negación de la revolución burguesa en nuestro continente, no tiene nada que ver con la caracterización de la Internacional Comunista[22]ni con la polémica del año “29 protagonizadas por Mariátegui, en torno a cuales eran las relaciones dominantes, si las semifeudales o las capitalistas y por ende, sobre cual tenía que ser el carácter de la revolución, si democrático burguesa o socialista? Seguramente estas preguntas formen parte de otro debate, o no, pero está claro que exceden las posibilidades de este trabajo. Yo creo que si hay una relación estrecha entre el marxismo liberal y el dogmatismo soviético, en el sentido de que son funcionales y se retroalimentan el uno del otro.

Tanto detrás del liberalismo intelectual como del dogmatismo soviético, yace solapadamente el etnocentrismo, el menosprecio a nuestra cultura y a las fuerzas que de ella emanan. Es de manera clara una forma de “colonialismo mental”, de complejo de inferioridad del cual no nos hemos podido librar aun totalmente. No es estrechez, no es autosuficiencia, ni negación de lo universal, es, como diría Martí, injertar lo mejor de lo universal al tronco de lo americano. Lo fundamental es saber en definitiva (y sobre esto creo que todos vamos a coincidir) que tan importante como el estudio del marxismo, es la formación intelectual (en el sentido más abarcador) de todo revolucionario y que nuestra historia, al igual que la del resto de nuestro continente, aun espera ser visitada por un nuevo tipo de intelectual, uno que sea capaz de superar la mirada eurocéntrica, mesiánica y descalificadora de los que aún no han logrado descifrarla.

Karl Marx Biografia

El filósofo Carl Marx escribió su artículo para The New American Cyclopaedia entre diciembre de 1857 y enero de 1858; el título “Bolívar y Ponte”. El artículo, desde su publicación desató una polémica entre Marx y quién era el editor de la enciclopedia, Charles Dana; a propósito, Marx le escribiría a Engels el 14 de febrero de 1858: “Más aún un artículo bastante largo sobre Bolívar suscitó objeciones por parte de Dana porque, según él, estaba escrito en un “estilo partisano”, y me conminó a citar las fuentes. Esto, lo puedo por supuesto, hacer; sin embargo es una demanda muy singular. Con respecto al “estilo partisano”, es verdad que me alejé de alguna manera del tono de una enciclopedia.Hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable, Bolívar es el verdadero Souloque.

Para empezar nuestra crítica debemos dividir el tema en varios apartes. Primero, las fuentes usadas por Marx han sido exhaustivamente investigadas por historiadores Latinoamericanos, quienquiera que se atreva a citar el artículo de Marx debe citar también sus fuentes, a saber: Ducoudray Holstein, John Miller y Gustavus Hippisley. Me permito no hacer mención alguna sobre los tristes personajes, vaya el lector mismo y consulteCatálogo de Errores y Calumnias de Vicente Lecuna; no sea flojo, vaya e investigue antes de colgar un artículo en su blog. En Internet encontrará interesantes trabajos sobre los ut supra.

Segundo, que la mediocridad de las fuentes no excluye a Marx de ninguna responsabilidad histórica, pues el lenguaje que usa en la carta a Engels es, a todas luces, peor del que él mismo uso en contra de los monárquicos. No hay justificación. Marxistas, están… fuera del perol; no se puede justificar lo injustificable. Sin embargo, les recuerdo que los atributos de Infalibilitas y Humanitas son del todo excluyentes, por lo tanto errar es de humanos…

A los blogeros por favor, léanse el trabajo de Hal Draper sobre Marx y Bolívar[3]; les hago un resumen, pues es que está en inglés, y eso disminuye la cantidad de paja que pueden hablar muchos al estar circunscritos alcastellano castizo de la Madre Patria. Para Draper el aspecto biográfico del artículo de Marx es desde todo punto de vista desdeñable; le importa a él como académico la visión de Marx sobre el bonapartismo en que Bolívar sume la guerra de independencia y el carácter dictatorial del Libertador. Su análisis es impecable (el de Draper) y trae a la luz los verdaderos errores del análisis de Marx.

Tercero, apuntes históricos. ¿Era Bolívar un Mantuano? Sí. Lo fueron también Washington, San Martín, O´Higgins, Santander, Gamarra, Santa Cruz, Sucre, Urdaneta, Soublette, Nariño, etc. Recuérdese que la Independencia fue un negocio de las elites criollas, cansada, como estaba ya, de mendigar las migajas que el Imperio Español le daba a sus colonias. Sin embargo, sólo en Venezuela la lucha armada pasó de ser un asunto de la elite a las manos del pueblo; Boves primero, y Páez al final serán adalides de un pueblo alzado en armas, de ahí saldrá una constelación de líderes criollos venidos del pueblo (Zaraza, Piar, Páez, Bermúdez, Briceño, etc.)

¿Traicionó Bolívar a Miranda? Sí. Volvamos a la escuelita de educación secundaria para los blogeros. Miranda firma una capitulación con Monteverde; éste la irrespeta y comienza a perseguir a todo el mundo. Miranda está aislado en La Guaira tratando de poner orden en el embarque de personas y bienes, una vez que se sabe del incumplimiento de la capitulación. Los alzados, todos jóvenes oficiales piensan que Miranda está listo para embarcarse y huir con los pocos dineros de la República, craso error, van y lo aprenden para pedirle explicaciones. Uno de los alzados, y para más agravio, el comandante militar de la Plaza (es decir La Guaira) Juan Manuel Las Casas, está en contacto con Monteverde y ha pactado la rendición de la Plaza sin disparar un tiro, más aún le comunica al comandante español sobre la insurrección en contra de Miranda. Monteverde espera, deja que el trabajo sucio lo hagan los jóvenes alzados; una vez asegurado el “traidor”, los españoles ocupan La Guaira, cae preso hasta el gato. Bochinche, bochinche…

Usted mi querido blogero, qué hubiera hecho en semejante desbarajuste, sin teléfono celular ni twitter ni facebook. La idea era pedirle explicaciones al hombre. Miranda sí llevaba dinero en el barco; quería recomenzar la lucha desde la Nueva Granada (la actual Colombia mi querido blogger) con su amigo Nariño. ¿Qué hará Bolívar después? Se irá a Cartagena. Campaña Admirable y demás. La historia le dio la razón a Miranda. Pero no es como dicen que Bolívar entregó Miranda a Monteverde; eso es falso.

Lo de comenzar su carrera militar como Subteniente en la Sexta Compañía del Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua… No sea imberbe. ¿Dónde quería usted que se enrolara? ¿En las FARC? Eso era lo que había en la época. ¿Dónde se enroló Miranda? ¿En el ELN? Estas guerrillas son viejas, pero no tanto. Las pruebas más fehacientes de que Bolívar no compartía el fervor godo de sus amigos mantuanos eran la Sociedad Patriótica y su viaje a Londres para buscar apoyo del gobierno inglés y traerse a Miranda a la lucha. Son muy pocos los jóvenes que deciden por encima de sus padres dónde van a estudiar. No hablo más, es que esto es desgastante. Dónde estarán los Misioneros que enseñan a leer y escribir…

Aquí les dejo una perlita de nuestro querido Cecilio Acosta. Saludos Bolivarianos a todos (no chavistas):

Se triunfa con la opinión, no contra la opinión; y la opinión es lo que existe. Más que los pueblos no puede saberlo sino Dios; y si el gobierno que ellos tienen no es el mejor, es el que quieren, y eso basta. Basta, no por humillación, sino por filosofía; no porque es lo deseable, sino porque es lo posible. Quien aspire a otra cosa, enseñe y persuada; que la luz es la única arma que penetra y no lastima, que conmueve y no trastorna. Para la colección no hay más que ideas; y quien no tenga prestigio para infundirlas, debe tener patriotismo para esperar. Peor es alzar estériles altares, donde expiran las víctimas sin Dios, y crear para las familias un duelo que no les abona en cuenta la posterioridad, porque la posteridad jamás condena en cuerpo a las naciones. Tengo la confianza de que la historia de todos los tiempos no me dejará mentir: el martirio entre hermanos no ha tenido altares nunca; y es porque la sangre de lucha fratricida no se seca, y solo da gloria la que se derrama en la lucha nacional.”

Simón Bolívar y la unión latinoamericana. La interpretación de Karl Marx

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